Velato, 2020. Herzoghof, Krems, Áustria

Monumentos a cada momento
hechos con los desechos de cada momento: jaulas de infinito.
Canicas, botones, dedales, dados,
alfileres, timbres, cuentas de vidrio: cuentos del tiempo.
Octavio Paz

Adriana Affortunati: Velato (Krems, 2020)

El trabajo de Adriana Affortunati (b. in 1982) nos sitúa frente a un modo distinto de considerar el tiempo social y la cosmovisión. Sus instalaciones, que nacen de materiales olvidados, mutilados o fracturados, nos remiten a una teoría de la experiencia y sensibilidad. Los elementos prestados cobran vida en nuevas formas o paisajes, respiran en lo efímero del momento y nos hablan del tiempo de la elección humana, del libre albedrío.

Estas organizaciones obejtuales son la traducción de la coyuntura, el acontecimiento y la corta duración, y desembocan en instantens que raramente se producen. Representan la calidad del tiempo de Kairos, que simboliza momentos transformacionales, a diferencia del tiempo lineal de su abuelo Chronos.

El edificio medieval situado frente a la Hafnerplatz de Krems expira una tenue luz tenue que ilumina las ventanas rotas y, como si del canto seductor de sirenas homéricas se tratase, invita a acercarse a todo aquel que lo percibe. Junto al edificio, en cuclillas ante una de sus aberturas, la mirada viaja hasta toparse con una enorme masa blanca que cuelga del alto techo, casi tocando el suelo, enmarcada por dos pilares en ruinas.

Lo que a primera vista parece una figura fantasmagórica es el resultado de dos años, desde la llegada de la artista a la ciudad, de recogida de más de 60 kilos de tejidos. Descubrir, recolectar y almacenar componentes en desuso para transformarlos en “aquello que esta por venir”, es el incio de una actividad casi vital ya desde la infancia de Adriana.

En su proceso reflexivo y bajo un estado de alarma o atención ante circunstancias de la vida Affortunati convierte polvo, telarañas, clavos oxidados, cenizas, filtros de café, papeles o colillas en sus materiales y herramientas de su trabajo. Y como su utillaje, relegado al olvido, son muchos de los espacios en los que sus obras se insertan. De este modo, Adriana abre una brecha para lo inesperado.

Affortunati retoma en Velato (Velado) el uso de telas, iniciado con Enciclopedia (2014) y presente en otras instalaciones como Aracne (2015), Bioma (2017-18), Marmor (2017) o Fontaine (2019). Con el título, referencia a la técnica en marmol que deja intuir la anatomia a través de sus pliegues, desvela aqui Adriana la anatomia del “momento adecuado”, del tiempo significativo que implica ambos simultáneamente, la calidad y la fuerza.

La práctica de Affortunati hace uso de los principios de inmanencia, intervención e invención-en-el-medio. Semejante a la función mediadora del marinero, quien pone en sintonía las fuerzas contrarias de los vientos y los mares, la artista reconoce un límite y crea un camino que a la vez trasgrede y redefine ese límite. Esta actividad, dentro de una modalidad temporal kairana, require por una lado de un conocimiento táctico y por el otro de la confianza, por parte del artista de que ejecutará la decisión adecuada en el momento propicio.

La sincronización y la oportunidad, necesarios para retener esa ocasión fugaz que debe aprovecharse, son los ejes dentro de los que opera la artista. Como en Deplacement, o amor se banha na morte (Quebéc, 2017) el ímpetus que inicia un proceso, tiene también la capacidad de destruirlo. Esta misma fuerza de la obra casi obliga a la artista a otro momento crítico de transformación, de producción entrópica.

De este modo, tras dos meses de inmóbil suspensión, la masa informe de hermosa forma, inherente pero llena de vida, se va alzando pausadamente. Adriana, como el arquero que tensa el arco creando la apertura por la que tiene que pasar la flecha, tira de la cuerda con esfuerzo, creando el vacío ante el límite del tiempo, pero llenando a su vez ese vacío. Un precipicio ante el que la artista nos sitúa, antes de cortar el cordon umbilical, desplomándolo y devolviéndonos al presente.

2020_ANA SÁNCHEZ DE VIVAR